La democracia interna de los partidos, una asignatura pendiente

Este texto tiene la intención de hacer visible la falta de democracia interna en los partidos políticos en México y las consecuencias importantes que se derivan. Situación que se ve reforzada por una judicialización de la política, esto es, las disputas partidistas son llevadas ante los tribunales lo que causa que los aprendizajes y las responsabilidades inherentes a este ámbito no se den. Así, los ciudadanos tenemos que lidiar con partidos políticos inoperantes que no reflejan a la sociedad e impiden una confrontación bajo reglas institucionales. Al final se proponen medidas concretas para atender este asunto.

Con relación a la Democracia, existe una discusión teórica y conceptual debido a que prácticamente todo grupo político se adscribe ahí, en una simplificación necesaria para esta discusión, el enfoque que más tiene peso es la concepción liberal: elecciones periódicas con dos o más partidos, condiciones de competitividad, libertad de expresión y asociación, institutos que organizan y deciden sobre las elecciones las cuales son reconocidas por los grupos políticos más relevantes.

La democracia no necesariamente se asocia con lo adecuado, puede dar lugar a gobiernos calificables de diversas formas negativas, aunque no se tengan muchos caminos por donde transitar; como diría Winston Churchill «La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás».

Ante este panorama, existen una gran cantidad de posturas sobre la forma de mejorar la vida democrática, en nuestro País no es la excepción: cambiar el régimen, democracia directa, voto obligatorio, segunda vuelta, reelección presidencial, disminuir/aumentar el número de partidos políticos y un largo etcétera.

No obstante hay un aspecto que en buena medida ha sido apenas abordado en la agenda pública y el ámbito académico. Me refiero a la democracia interna de los partidos políticos, de manera especial a la selección de candidatos.

Partamos de un ejemplo: Alguien nos pide que escojamos, cualquier cosa, entre tres opciones, lo cierto es que para nuestras preferencias nos encontramos con las variantes: mala, terrible y peor. No obstante lo anterior, al final decidimos «lo menos grave», obviamente el resultado es insatisfactorio, pero cuando nos quejamos se nos dice que fue nuestra elección.

Después de pensarlo un poco más, nos convencemos de que, es cierto, nosotros decidimos. Pero no nos hemos dado cuenta de una trampa: alguien hizo una selección previa que recortó drásticamente nuestras opciones.

Esto sucede en las elecciones políticas: se nos pide decidir, pero es fácil olvidar que hubo un paso previo, la selección de candidatos. Lo increíble es que no se le ha dado la importancia que tiene, para algunos hasta se podría considerar un asunto que, en el mejor de los casos sólo tiene relevancia para los militantes o simpatizantes del partido político en cuestión.

Bajo esta lógica, en la pasada elección presidencial de 2018 hubieron candidatos únicos en cada una de las tres coaliciones. Uno no puede sino preguntarse sobre la razón de que esto sucediera. Evidentemente no se puede creer que no existiera interés de otras personas para ese cargo. Bajo cualquier perspectiva nuestras posibilidades de elegir se redujeron considerablemente, pero lo más preocupante es que esa circunstancia se dio de manera opaca y en buena medida silenciosa.

Situaciones parecidas ocurren con las diferentes candidaturas a puestos de elección popular, en ocasiones pareciera tratarse de una Caja Negra (David Easton), se conoce que existió una disputa, de la cual se obtuvieron determinados vencedores, pero no sabemos qué sucedió en el inter.

Los partidos políticos siempre deben explicarnos bajo qué criterios y de qué manera escogieron a sus candidatos, no necesariamente debemos intervenir en ese proceso, pero la transparencia juega un papel trascendental.

No es de extrañar que en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) la mayoría de los asuntos sean las inconformidades de militantes (p. 21-23) derivados de procesos electorales internos. Esto que pareciera en un primer momento bastante provechoso para la democracia, tiene un efecto contrario.

Se ha provocado una judicialización de la política, esto es, en lugar de que los problemas de los partidos se resuelvan bajo criterios como: salida, voz y leatad (Hirschman). Las disputas se llevan a un árbitro que por definición resolverá, en el mejor de los casos, bajo criterios formales de un juicio, lo que definitivamente será inadecuado como solución política.

Si lo vemos de manera comparada, en los EUA los candidatos, en especial los presidenciales, se obtienen de procesos relativamente largos en donde se van depurando los precandidatos hasta llegar a una lista bastante corta, que todavía se reducirá en las elecciones primarias.

Con lo cual en ese País, en la elección presidencial se tendrán dos candidatos partidistas y una cantidad importantes de candidatos independientes, que si bien normalmente no tiene oportunidad real de ganar incorporan elementos a debate.

Es por ello que los tribunales electorales son seres extraños en cualquier país con una democracia consolidada, se entiende que esta materia no puede ser llevada a los jueces, so pena de trabar la responsabilidad  política.

Así, en México cada partido político debe entender que es un ente de interés público que tiene la función de intermediación entre la sociedad y el gobierno. Esa es su razón de ser y sino la cumple debería desaparecer. No hay ningún motivo para mantener institutos políticos formales carentes de alternativas para los ciudadanos.

No pueden existir monopolios de acceso a cargos de elección popular, para ello es necesario (p. 14) reducir candados a las vías independientes y a la generación de nuevos partidos, así como crear condiciones para partidos en niveles de mayor cercanía a la población como serían partidos municipales o regionales.

La reducción de prerrogativas partidistas y su fiscalización eficaz son indispensables en la tarea de darle credibilidad a los procesos electorales.

De manera paralela, limitar los asuntos partidistas internos que puedan ser llevados ante el TEPJF, existiendo varias opciones viables de ser votado, las salidas políticas tienen que privilegiarse.  

Como siempre, el destino de cualquier planteamiento de este tipo estará moderado por la participación de la sociedad, sin la cual ninguna medida funciona.