Que voten los niños… en situación de calle

Una sociedad se mide por la forma 

en que trata a sus seres más débiles.

No imagino que existan seres humanos más vulnerables que los niños en situación de calle: masculinos, femeninos, indígenas, urbanos, migrantes, etc. Lo increíble es que parecieran no existir para la sociedad y menos para la clase política.

Están ahí, en las esquinas de las avenidas haciendo malabares, cantando, pidiendo limosna, vendiendo dulces, etc. desde temprano hasta tarde, ante la vigilancia de sus explotadores. Sin futuro, sin presente. Frente a todos, pero invisibles. Como si se tratara de un capítulo de Black Mirror, en esta distopía la gente mira sus celulares mientras pasa frente a una realidad insultante.

Estos niños tal vez mueran por el uso de inhalantes, podrán llegar a ser victimarios de otros menores, tal vez sean delincuentes. Difícilmente tendrán oportunidad para convertirse en algo positivo para ellos o para la sociedad que los ve con disimulo, fastidio, pena o asco.

La mayoría de la ciudadanía miramos por el interés propio en medio de los problemas cotidianos, sin un margen mínimo de capital social. Apenas se puede sobrevivir como para pensar en arreglar al que está más allá de nosotros. Terrible, pero comprensible.

En cuanto al gobierno se torna peor, no pueden hacer algo porque… ¡No votan! Esto es, no forman parte del mercado político en donde se intercambian votos por promesas de campaña, este espacio que de por sí es extraño y complejo para Douglass C. North (sec.II) muestra una de sus peores caras.

Cuando se ofrecen acciones gubernamentales para niños se piensan en sus padres como objetivo clientelar. Así se pueden dar becas, uniformes, computadoras, desayunos, etc. Pero en este caso no existe esa posibilidad, para convencer a sus guardianes se requieren de otro tipo de acciones.

De hecho, las únicas acciones (no políticas públicas) que verán estos menores en el horizonte serán ridículos pero populares aumentos de penas, propuestas para disminuir la mayoría de edad, criminalización y estereotipos.

Para estos niños no existe convención, constitución política, ley o cosa por el estilo que los pueda amparar. Una educación precaria sería un lujo que casi ninguno de ellos se dará. Por lo que la Agenda 2030 no forma parte de su realidad. Esto llama la atención, porque los derechos de los niños se han popularizado en el discurso, en las escuelas, formalmente en las sentencias judiciales, en el imaginario social se presenta de las formas más diversas que (incluso diría) han llegado a los excesos, con eso y todo, que bien. Sí, pero no para ellos.

A ellos les reservamos un reportaje en Los demonios del Edén, un papel en Quisiera ser millonario, una canción en Niño sin amor o una composición para mamá de Paquito. ¿Quién podría reclamarles un odio social?, ¿Cómo explicarles que en nuestras prioridades colectivas no tienen importancia?

En una mirada a la Ciudad de México, Guadalajara o el Estado de México en esencia vemos como crece y se hace más complejo el problema, cuando ya de por sí los niños en general no la pasan bien en este País. En América Latina sucede otro tanto: Lima, Buenos Aires o en las regiones de Chile. Aunque no sólo es un problema urbano.

Me parece que como sociedad debemos priorizar lo que debemos enfrentar, entiendo que nuestro problema más serio están en la Inseguridad Pública (p.3), para resolverlo se pueden intentar muchas cosas: comprar armas, capacitar policías, ampliar o mejorar las cárceles, instalar más cámaras de vigilancia, ofrecer recompensas por delincuentes, etc.

Pongo a consideración de la manera más egoísta que dentro de las medidas cruciales que no existan niños en situación de calle, mediante la instalación de albergues en donde reciban educación, cuidados, servicios de salud y lo necesario para su desarrollo hasta alcanzar la mayoría de edad.

Se requiere sensibilizar a una población que dice querer dejar de discriminar, pero se ensaña con este sector. Es necesario recordar que son nuestros niños, por tanto, habrá que cuidarlos ¿cuánto cuesta implementar eso en todo el País? Mucho, sólo eso.

Pero creo que va antes que un peso en publicidad gubernamental, cualquier prestación a funcionarios de alto nivel, el haber de retiro o su equivalente en exceso, el pago fuera de periodo ordinario a un legislador, un monumento, las luces en una fiesta patria y un largo etcétera.

No es cuestión de dinero, se trata de voluntad política. Es poner en la discusión pública este tema y que pueda permear en la agenda política derivando en acciones concretas.

Pero si fuera un lujo una política pública de esta magnitud, sería un honor. Ya nos hemos dado muchos: Salvamos banqueros, recomprando carreteras concesionadas, perdonamos impuestos a los que más tienen, líderes de organizaciones que no pueden justificar su riqueza, aportaciones gubernamentales que no se pueden supervisar, etc.

Aunque pensándolo bien, me parece una utopía, mejor nos vemos en la próxima publicación.

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