Los tribunales electorales en México: Presente y futuro

En este tópico sostengo dos ideas:

  • El mayor reto presente es generar una justicia abierta, con todo lo que esto implica, básicamente una comunicación viva y eficaz con la ciudadanía.
  • En el futuro próximo, no se debe intervenir en la vida interna de los partidos políticos.

Al final, llego a una conclusión un tanto paradójica, que considero debe discutirse.

Muy bien, hagamos un poco de historia, la jurisdicción electoral es reciente, pero altamente dinámica; los comicios en México tuvieron un carácter meramente formal, bueno, mejor dicho, ceremonial; el poder político se obtenía a través de la violencia y entonces se hacían elecciones para justificar esa situación previa. En este contexto, el ámbito electoral estaba separado de lo jurisdiccional, claramente lo podemos ver en el juicio de amparo, que era y es inaplicable únicamente en esta materia.

Esto sucedió en el siglo XIX, para el XX las cosas no eran tan diferentes, sin embargo, hay un cambio con la institucionalización del partido gobernante y del propio presidencialismo, las elecciones siguieron siendo bastante formales, no obstante, cada vez menos ceremoniales. La sociedad estaba cambiando ante una elección como la del 76 con un solo candidato o la del 88 con un déficit de legitimidad importante.

La sociedad se rebeló ante situaciones como la crisis inicial del 76, así como la falta de acción oportuna del gobierno en el temblor del 85, también estamos hablando de un reclamo constante de espacios, muchas veces de manera poco articulada, inconstante, incongruente y todo lo que se quiera, pero ahí está.

La organización de las elecciones también se modificó; en 1990, se creó el Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE), todas estas circunstancias fueron dando la necesidad de los tribunales electorales, ya no era suficiente la autocalificación, ni el arreglo político de antaño, se requerían de medios que ayudaran a las tareas político – electorales.

Los tribunales electorales, primero fueron de carácter administrativo, luego se fueron al ámbito jurisdiccional temporal en una especie de limbo y desde hace algún tiempo son permanentes, con tareas crecientes; han sido parte fundamental del camino sinuoso hacia la democracia, claro una democracia electoral (no más, no menos). Como cualquier institución tiene retos enormes ante problemas sociales que rebasan su capacidad de acción y por supuesto una necesidad de ajustarse a un entorno cambiante.

En esta historia, los tribunales electorales se presentan con sus propios retos, creo que los dos más importantes son:

  • Actuar con celeridad, los tiempos electorales son breves y han sido cada vez más, existen etapas que precluyen, sobre las cuales es difícil regresar. Esto obliga a que las resoluciones deban darse a marchas forzadas.
  • Una legislación cambiante, los problemas sociales se discuten y se tratan de resolver en las elecciones, lo cual sumado a una cultura política deficiente lleva a enfrentamientos amplios esta presión obliga a modificaciones legislativas procesales y de fondo.

Tradicionalmente han tenido que ver con candidaturas, tiempos electorales, campañas políticas, etcétera; y de manera reciente con acciones afirmativas. Podemos imaginar lo que esto representa en la tarea de los tribunales electorales. Significa definir constantemente criterios de aplicabilidad, ponderar y jerarquizar derechos; no exento de contradicciones y discrepancias.

Regresemos a la historia principal, hemos caminado en nuestro rumbo (democracia) con ayuda de muletas (tribunales electorales) que evidentemente nos permiten movernos, sin embargo, al mismo tiempo nos impide un mejor desarrollo. En esta analogía, necesitamos terapias que hagan que nuestros músculos mayores funcionen mejor, éstas definitivamente son dolorosas, porque tienen que ver con la responsabilidad de los actores políticos, de los partidos, de los tribunales, de manera especial de la ciudadanía.

¿Cuál es la salida? Definitivamente la justicia abierta, ¿qué implica? una comunicación con la ciudadanía, por ejemplo, a través de sentencias más cortas y entendibles, ya con un buen avance. Se requieren mejores canales de interacción, en donde la tecnología, por supuesto, es de gran ayuda. La exposición adecuada de los juzgadores con una ética definida y la convicción de cuál es su papel. Se han intentado figuras como el amicus curiae, la rendición de cuentas, la transparencia y más; resumiendo, la justicia abierta es una jurisdicción cercana, confiable, efectiva y que colabore a la paz social.

Si bien esto significa un respiro, sostengo que este camino es insuficiente en el largo plazo, porque el creciente número de expedientes por atender, su complejidad, así como la necesidad progresiva de recursos lleva a un callejón. Hasta ahora el balance es positivo, pero hay que tener en cuenta sus límites, si esto es así, ¿cuál es la alternativa? Definitivamente, disminuir el número de juicios, algo que es común a todos los ámbitos judiciales y ese es el camino que habría que seguir.

Claro, inmediatamente surge la pregunta: bueno, pero esto ¿cómo se aplica en el ámbito electoral? quisiera detenerme en un aspecto: en el último año (2020, p.66), el 86% de los expedientes atendidos por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) fueron juicios para la protección de los derechos político-electorales del ciudadano, ¿para qué sirve este medio de impugnación? Para votar ante la pérdida de la credencial cuando no es posible obtener una reposición. También para proteger los derechos de asociación política, inclusive para defender el derecho a integrar autoridades electorales en las entidades federativas.

No obstante, la mayor parte de estos juicios no tienen que ver con los tres supuestos que he comentado; por el contrario, se trata de conflictos internos de los partidos políticos, generalmente tiene que ver con que se niega una candidatura, o no se accedió a posiciones en la dirigencia e inclusive expulsiones del partido. Otro tanto, cada vez más en uso, tiene que ver con funcionarios públicos electos que se sienten afectados en el ejercicio de sus funciones.

Ante esto, llego a la segunda idea planteada: no se debe interferir en la vida interna de los partidos políticos, expondré mis razones:

  • Significa un desgaste innecesario, los partidos políticos deben solucionar sus problemas desde la amplitud de lo político y no desde la estrechez de lo jurisdiccional, ellos pretenden representar a la sociedad en la atención de los problemas generales; de tal manera, que sería contradictorio que no pudiesen resolver los propios.
  • Ahora bien y ¿qué pasa con los militantes? haciendo una interpolación del texto clásico de Hirschman, tienen la opción de: lealtad, alzar la voz o de salirse ante situaciones que no se comparten en un partido político, esto sucede en cualquier democracia.

Ahora voy a la conclusión un tanto paradójica que debe ser discutida: fíjense todo lo que se le ha pedido y han hecho los tribunales electorales; sin embargo, el avance en el camino democrático está marcado por su desaparición. Lo digo así, es imposible imaginar un tribunal electoral en un país con una democracia consolidada.

En algún momento escuché que la aportación de América Latina en el tópico eran precisamente los tribunales electorales, claro, porque nuestra democracia está basada en la desconfianza con una cultura ciudadana débil, es por lo que necesitamos en este momento de los tribunales electorales. No obstante, las elecciones se tienen que resolver mayoritariamente en el ámbito político y por excepción acudir a los tribunales del fuero común o federal, me parece que ese es el camino al que tenemos que llegar ¿cuánto tardaremos? no lo sé.

Mientras tanto si miramos alrededor, existe una carencia enorme de acceso a la legalidad que está sufriendo la mayoría de la población en su día a día. Con la inclusión de los recursos actuales de los tribunales electorales a otras áreas jurisdiccionales, avanzaríamos en el respeto al Estado de Derecho que tanta falta nos hace. Aunque esto depende de que podamos madurar políticamente.

Para terminar, diría que en nuestra historia no podemos seguir viviendo con el apoyo de los tribunales electorales (las muletas) para toda la vida. No es correcto, no es sano y no es justo.

Nota: Les dejo la versión original de la charla https://youtu.be/gMrZ8pKOXzQ

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