Una tribu prehistórica con mucha hambre (Cuento)

1. El portal

Tengo un cuento que compartirte sobre una tribu prehistórica con mucha hambre, pero antes necesito saber algo. ¿Te gusta viajar en el tiempo?… Excelente estamos de suerte ya que tenemos un medio de teletransportación, que me prestaron solo por hoy.

Nuestro portal nos llevará al final del Pleistoceno, hace unos doce mil años; bueno, no tanto, unos 5000 años, y nos quedamos en el Holoceno. También nos moveremos de lugar a una región cercana a lo que hoy llamamos Tepexpan, en el Estado de México, quizá encontremos a una amiga de hace ya un rato por el Lago de Texcoco.

¿Listo? El portal está frente a ti. Vamos a prepararnos porque el viaje en el tiempo puede ser un poco incómodo. Exhala e inhala lentamente y cierra los ojos. Tres… dos… uno… ¡ahora! Pon sus manos al frente como flecha. ¡Cuidado!, no te vayas a bajar antes por muy interesante que parezca otra época, ya casi llegamos. Ahora baja tus brazos lentamente.

¡Ufff! El viaje en el tiempo marea un poco. Revisa que eres tú todavía: ¿sí?, ¿cabello?, ¿Dientes en la misma posición?, ¿la misma nariz? Métete el dedo en las narices para estar seguros, última revisión: tus huellas dactilares ¿son las de antes?, ¿las reconoces?  Muy bien. Parece que llegamos completos.

2. Una tribu con mucha hambre

Ahora nos hemos incorporado a una tribu un tanto salvaje… no tanto como de donde venimos, claro. Por cierto, tampoco nos hemos bañado en tres meses y eso que estamos considerando cuando nos agarró un aguacero. Olemos terrible, discretamente acerca tu nariz al cuerpo, uff, ni hablar. Si sirve de tranquilidad, nadie se ha muerto por no bañarse.

Pero el olor no es el problema principal. El verdadero es este: tenemos hambre. Mucha hambre. Escucha los estómagos… Grrrr… grrrr… Se me antojan unas costillas de mamut. ¿Te gusta el mamut?

También podríamos buscar un tiranosaurio… aunque hay un pequeño detalle: Ya se extinguieron. Llegamos tarde al menú por unos cuantos millones de años, un tema yucateco.

Así que volvamos al mamut. La buena noticia es que uno podría alimentar a toda la tribu por bastante tiempo. La mala noticia es que son enormes, viven en manadas (¿recuerdas La era de Hielo?) y no parece que estén interesados en convertirse en nuestra cena.

3. El problema común

Llevamos cuatro días con agua y algunas hierbas. La temporada en la que podemos intentar esta caza está por terminar; de hecho, se nos viene el invierno. Tenemos que decidir, y el estómago no deja de opinar.

Cada uno podría salir por su cuenta, cazar su propio mamut y regresar a compartir… claro, si regresa. ¿Parece buen plan?, ¿Qué podemos hacer? En la tribu se hacen muchas propuestas desde ir por un conejo, buscar algunos pescados o iniciar clase de meditación para comer menos; pero hay un acuerdo de que estas opciones no resolverán el problema.

Entonces alguien lo dice: —¿Y si cazamos en grupo? (La tribu se queda en silencio.) Una persona sola no puede. Juntas, quizá sí. Pero trabajar juntas significa decidir quién hace qué, quién coordina, quién corre más riesgo… y mucho más.

4. Organizarnos

Necesitamos un plan. Imaginemos (dice un miembro de la tribu) que separamos a un mamut de la manada y lo guiamos hacia una zona de lodo, donde le cueste moverse. Un grupo lo conduce por un lado; el otro evita que vuelva con la manada. Alguien vigila. Otro atiende a quien se lastime. Y alguien coordina. Necesitamos seis, siete miembros en cada bando.

Ahora se requiere de un liderazgo temporal. ¿Quién se propone? ¿O prefieren elegir? Después de algunos intercambios se escoge a la persona de siempre para coordinar.

Empieza la caza. La persona líder levanta la mano. El primer grupo avanza. El segundo espera la señal. Quienes vigilan miran a la manada. Quienes apoyan se preparan para atender golpes y cansancio. Todo el mundo contiene el aire y espera la orden.

¡Ahora! La tribu grita, agita sus lanzas y cierra el paso. El mamut cambia de dirección. Luego vuelve. Luego cambia otra vez. El plan funciona… más o menos. En la travesía hubo tropiezos y cansancio. Algunas personas quedan lastimadas y otras tienen que abandonar su tarea para ayudarlas. Se cambiaron las instrucciones de manera caótica. Quien iba al frente terminó atrás. Quien sólo iba a vigilar corrió más riesgo del que esperaba.

La caza no fue una sola tarea. Implicó una red de trabajos distintos: unos visibles, otros no se distinguen; unos reciben órdenes, otros las dan; unos se arriesgan más, otros deciden más.

5. El mamut y el reparto

Después de un esfuerzo enorme, la tribu logra conducir al mamut hacia el lodo. El problema es que el animal se hundió mucho más de lo previsto. Cuando todo termina, apenas podemos rescatar una oreja, la trompa y un poco de cachete.

No hay costillas. Ni banquete. Apenas comeremos algo, parecerá comida gourmet, pero sólo porque nos serviremos poco. Entonces el jefe de la tribu se adelanta y dice: Como mi labor de coordinación fue la más compleja, yo escogeré primero. Me quedaré con toda la oreja. El primer grupo compartirá la trompa. El segundo hará lo propio con el cachete.

El jefe toma la oreja y se va a su cueva. Los demás miran la trompa. Miran el cachete. Miran sus golpes, el cansancio y el lugar vacío donde deberían estar las costillas. Luego, los jefes de cada grupo se quedan con la mitad de lo asignado y el resto para todos los demás.

Alguien protesta. Alguien acepta porque tiene demasiada hambre. Alguien pregunta quién decidió que coordinar valía más que arriesgarse. Otro, con la boca ya mediollena, dice que sería mejor discutirlo mañana.

La tribu consiguió comida porque se organizó. Pero ahora tiene otro problema sobre la mesa… o, mejor dicho, sobre la piedra donde iba a comer.

6. El regreso

Oh oh Es hora de volver. Busquen el portal. Cuidado: quizá sigue resbaloso por el lodo en el que nos metimos. Tres… dos… uno… ¡al presente! Manos como flecha. Bajamos los brazos, hemos llegado sanos y salvos.

¡Qué cosas! la organización trajo líos de jerarquía y repartición, ¿Cómo ven? Mucha gente piensa que esto se repite en nuestros días, ¡pero eso no es cierto!, ya no hay mamuts. 

Deja un comentario